sábado, 18 de septiembre de 2010

océano.

¿has visto las venas de tus brazos desde adentro? ¿atravesando la piel?

ariana era como un cable expuesto o como la idea de ese cable, como saber que al conectarlo verías una película que te dejaría devastado toda la semana. si quisieras acercarte sin fijarte en sus orillas sueltas, terminarías cortándote o electrocutándote. las condiciones en que nos acercamos me hicieron relajarme ante la idea de estar bajo una exposición peligrosa. ella llegó aquí porque su camión se detuvo afuera, y tenía sed. no había visto un vaso de agua vaciarse como ese día. cada gota que entraba a su boca me fastidiaba de un modo que me provocaba un ardor en la garganta, ganas de bebérmelas también aunque no me gustara tomar agua. desde entonces imaginé el desastre que estaba por llegar.

"tú para mí eres cierto, eres mi más dulce pensamiento. el precio, sabes, es un poco el mar, te enreda y no te quiere soltar" cantó ella en ese cuarto cuya luz no había sido nunca tan perfecta. en la mañana había llovido, entonces las sábanas estaban revueltas como las ondas de su pelo sobre mí sobre sus ojos sobre su vientre amplio. ella no era una mujer delgada, y eso era una de las cosas que -sin pensarlo en el momento- me causaban más ternura. no estábamos ahí, yo lo aseguro. estaban nuestras palabras entrecortadas, nuestras manos entrelazadas, nuestras venas entregadas a llevarnos fuera de todo. y sobre mí, estaban las máquinas calientes en que se convertían sus piernas, y ese vientre que me hacía pensar en querer darle hijos. nuestra naturaleza era dejar de ser, ésa era nuestra única regla. un sonido así, una punción tan contundente no podía durar por siempre. así que ariana se ha ido, y no hace falta buscarla. de vez en cuando vuelve a llover y recuerdo su canción, no puedo simular estar fuera como cuando ella estaba en mí pero puedo meter los dedos en lo que dejó. cada espacio ocupado es pertenecido. en ella voy.