sábado, 19 de febrero de 2011

hundimiento, humanidad.

la salsa está caliente y yo meto los dedos en la olla para quemarme.
gabriela dice que estoy ansiosa por hundirme en algo y que le caigo bien
-con mucho énfasis en el peso escondido de esas tres palabras
porque dice que la gente suele usar de modo ligero la expresión-;
"eso significa que sobre mí caes y te acomodas.
lo tuyo es algo que reside entre mis cosas, mis comas
y las formas pausadas que adquiere mi voz cuando te habla.
te traigo aquí y no me dueles, me haces bien".

ya habíamos hablado sobre las personas verdes,
que son las que se escogen mutuamente porque tienen
la necesidad de extenderse y cuidarse.
ella decía que son así quienes te hacen crecer,
con las que pides más tiempo entrelíneas.
en ese momento pensé que hay quienes te dejan intacto
y que entonces se pueden traducir como sombras
de figuras que tal vez no tienen interés en ser humanas.

la salsa echa humo todavía y se me cae,
compruebo que hay cosas que sí me hacen más daño.
hay manteles acomodados sobre la mesa
y papeles importantes que aun en desorden sabemos distinguir.
yo pienso entonces que esa es nuestra casa,
que las paredes de los vecinos están muy lejos
y que puedo confesar para ese espacio (y para el que siempre es suyo)
que me parece muy triste cuando alguien se enamora
del modo en que los pantalones se acomodan detrás de las rodillas,
o del cabello trabajado media hora después del baño y nada más.

ella dice que cuando la miro se siente perversa,
como si supiera lo que me piensa.
le digo que está bien, que eso es lo que me une a ella:
nuestro amor es el subtexto.
porque si gabriela fuera otra,
si yo conociera sólo su forma de caminar, su anillo en el pulgar y sus cabellos negros,
qué tendría que estar haciendo pensando en caer, pertenecer y habitar
en algo que es tan fácil de ver y perder para los demás.
el deseo son los palillos esperando algo más fuerte que los sostenga,
la persona no es la que te llena el ojo en la calle porque te gustan sus pliegues,
es esa que llora, sangra y tiene hambre, siempre tiene hambre
de algo que no se compra en tiendas.
la persona es sus huecos y con quiénes está dispuesta a dejarlos llenar.

ella cocina de modo que recuerdo por qué le digo que un día,
en mis sueños, ya ha sido mamá.
"de las personas prefiero las que son como cuevas, he preferido siempre perderme
que trepar montañas creyendo que eso es profundidad".

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