si alguien me hubiera dicho que esa noche conocería a los ojos-de-mujer-alta, quizás me habría tardado más en salir de mi pequeño cuarto, preocupada por qué vestimenta elegir, por cuál de mis dos perfumes usar, si debía esconder mi cabello en una coleta o si hacer todo lo posible por tener un look que luciera hecho al natural, con la actitud de acabarse de levantar y por ende, de ver todo como un bebé que recién abre los ojos y las luces le duelen pero no quiere dejar de ver.
llegué a ese departamento con dos personas que no conocía muy bien, después de haber estado toda la tarde en la biblioteca porque al menos ahí tenía internet.
siempre buscaba mesas que tuvieran una sola silla para que nadie más viera en mi pantalla, aunque en aquél entonces -hace dos meses- no veía nada realmente interesante todavía.
solo quería mi espacio, poder estirar los brazos y extender mis piernas -que terminaban en mis botas de media montaña- sin preocuparme por interrumpir con esto el estudio -forzado o no- de alguien más, de alguna de las tantas cosas que se estudian en una biblioteca pública.
no había algo realmente interesante en ese departamento, sino música de colegiala y sobre todo, el hecho de que la gente aquí suele tomar bebidas que parecen vino pero que son ciertamente más como caribe cooler, es decir: agua con muy, muy poco alcohol y mucho colorante y azúcar. por eso me siento como ubriaca continuamente, porque rara vez alguien toma cerveza oscura, whiskey, whisky, o cualquier otra cosa que hable y diga algo más que "tomo esto porque todos los demás lo han comprado, y no tengo gusto ni tengo interés, es solo para embriagarme". me molesta la gente así, y esa noche solo me dedicaba a observarlos.
pero vi unos ojos. o sus ojos me vieron y me di cuenta hasta después. yo estaba en la cocina, y sus ojos (que en ese momento no podía decir si eran solo unos ojos flotando, o si le pertenecían a una mujer -pero ciertamente no eran de un hombre-) a la altura de una escalera que conectaba el pasillo de entrada con el distribuidor del segundo pequeño piso.
creo que sonreí, le sonreí a esos ojos pero fue tan rápido que cuando quise regresar de mi estado contemplativo, ya no estaban ahí. se habían movido y mis venas se habían percatado de ello.
luego nos fuimos a un cuarto lleno de gente, y creo que volví a ver esos ojos ahí, saludando a otros ojos que no me causaban nada. la conversación sencilla y sin relevancia intelectual o emocional. más observación. algunas personas fumaban en un pequeño balcón, y en ese momento sentí que aquellos ojos venían acompañados al sur por una boca. una boca que tal vez fumaba, pues creo haberla visto ir hacia el balcón.
después de una típica -y casi siempre caótica- charla ruidosa sobre qué hacer después de esa fiesta colegial, todos fuimos arrastrados como por una ola silenciosa hacia la puerta. ahí, en el pequeño pasillo, volví a ver no solo a los ojos, a la boca que los acompañaban. vi al cuerpo. en cuestión de segundos mi menté hiló una oportunidad, y me hice una impresión rápida: los ojos estaban al norte de un cuerpo más alto que yo. lo anoté en mi libreta en cuanto regresé a mi casa.
de alguna manera, caminamos brazo con brazo mientras éramos empujadas por las voces hacia el piso de abajo.
yo no iría a seguir la fiesta con aquél grupo de extraños, pero ella tampoco, y por eso me importó muy poco.
saludé para despedirme sin ver a nadie en especial, como cuando no te importa a quién le dices adiós pues no hay nadie ahí que te quite el sueño.
solo que ahí sí había alguien que me quitaría el sueño. pero no lo sabía entonces.
tendría que llegar a mi pequeño cuarto para anotar mis observaciones de la fiesta, y anotar que intercambié unas cuantas palabras con un par de personas, entre ellas con los ojos. los ojos-boca-cuerpo-mujer-alta.
dibujé su rostro de perfil, y me dormí tratando de recordar si mi dibujo le hacía justicia. no pude recordar bien su cara, lo que recordaba era la sensación que me causó verla.
sus ojos en la escalera. sus ojos mientras bajábamos la otra.
algo.
días después, me daba miedo pronunciar su nombre pensando que, en algún lugar de esta ciudad plana, ella me escucharía. después de todo, quien tiene unos ojos capaz de llamarte desde otra habitación, también tendría unos oídos capaces de escucharlo todo.
hoy ya sé cómo duerme, y que hace mucho ruido al comer. me gusta comer con ella para escucharla, porque no le importa quién la escuche en una mesa o banca aledaña. ella come y yo me aflijo de no ser eso que desaparece en su garganta. pero es soportable, y soy dichosa. ahora recuerdo su rostro e incluso sus manos, como quien recuerda algo que ha visto muy cerca pero que no se atreve a tomar por miedo a que se deshaga.
el otro día la vi cruzar una calle, lo hizo casi sin fijarse. seguro su cerebro pensó "camina" y lo hizo sin dudar. al otro lado yo la esperaba, y me di cuenta que cuando cruzo las calles con ella siempre tengo la sensación de que moriré atropellada.
sí, hay unos ojos y eso hace de mi vida aquí algo inspirador, que me lleva a quedarme con el azul del día aunque sé que más tarde la neblina estará baja.
me despierto a las 6 am sin que ese sea el plan, y veo un poco de nieve delgada sobre los carros. la recuerdo entonces, sin cuerpo, solo ojos.
ojos-imanes-lagos-que-se-hacen-mar. me duermo con una felicidad triste, a un par de líneas de sueños y palabras para que lo sepa.
como una realidad que se hace sueño que después se hace realidad.
ResponderEliminarqué prosa deliciosa.