sábado, 24 de abril de 2010
Brockton.
Hoy extraño mis discos y me lleno de polvo las manos buscándolos en cajones que parecían estar escondiéndose de la luz. Sólo están los cadáveres y los veo y aún recuerdo la expresión de sus ojos cuando los miré por última vez, aunque el lugar donde coincidimos no lo sé y por eso la búsqueda. La ventana de esta casa es grande y el cielo está tan nublado que es uno de esos días que yo llamo blancos y en los que me gusta mirar casas pintadas de blanco hasta confundirlas con el cielo y perder la línea negra que les da su volumen. Me acuerdo de estar escuchando esos discos detrás de una ventana también grande. Afuera nevaba y yo nunca había tenido tanta nieve tan cerca. Quisiera vivir algo así de nuevo. Algo que no fuera una deuda, un reclamo, confusión u olvido.
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