jueves, 20 de mayo de 2010

welwitschia en casa.

manejaré esto con la misma seriedad que implica el dar a conocer información importante no sólo a las personas dedicadas a entender y clasificar este tipo de reportes, sino a toda la humanidad capaz de salir de sus cubiertas casi impermeables de egoísmo. he decidido que, debido a las características de lo que voy a revelar, es necesario que nadie crea que se trata de un engaño, o un mero intento por hacer notar diferencias en mi vida en relación a las demás cuando no las hay. caso cuya tentación suele ser mucha para todos, pero que no obstante, no me haría desviar su atención hacia mí por medio de mentiras. pues, ¿quién sería yo si lo hiciera, sino una embustera que se dedica a investigar algo sorprendente, no ya con el fin de adjudicarse su descubrimiento sino de exhortarles a creer que sé de alguien que ocupa la existencia de tal cosa en este preciso momento?

en base a la observación y realización de preguntas a los que sí saben, he aprendido tanto de las plantas y de sus procesos de crecimiento y mantenimiento, que me es difícil pensar en algún momento en que no haya sido sorprendida por alguien totalmente absorta mirando algún especimen nuevo. generalmente, me gusta creer que clasifico y decodifico las cualidades de las plantas con el fin de crear un acervo para el estudio posterior -que a veces nunca llega-, y desde hace varios meses me he dedicado específicamente al estudio de los gimnoespermas. éstos son básicamente los árboles u arbustos que muestran sus semillas desnudas, y carecen de flores. dentro de esa clase, existe un pequeño orden llamado gnetofitos, que contiene a todos los gimnoespermas que por ser tan diferentes al resto de ellos, ocupaban tener una clasificación más especial. los gnetofitos se clasifican en tres familias, y son los gnetaceae, ephedraceae y welwitschiaceae. esta última familia contiene una sola especie reconocida, llamada welwitschia mirabilis. y es ella precisamente la que ha provocado en mí la maravilla misma que su nombre en latín indica. la tumboa, como se le conoce en la zona del desierto de namib, en angola, es una planta con una rareza tan extrema no sólo física sino biológicamente. durante toda su vida, mantiene las mismas estructuras básicas: un tallo grueso, dos (o hasta tres, en casos raros) hojas largas y raíces. el tallo tiene más pinta de tronco de árbol que de otra clase de planta, y se han visto especímenes de hasta 1.2 metros con 8.7 metros de ancho. sus hojas largas, crecen alrededor de 15cm por año y le sirven para absorber el agua de la brisa nocturna directamente del piso, pues con el aire y el mismo peso de sus hojas van haciendo una especie de enredadera en el piso. también están diseñadas para hacer una especie de excavación, para encontrar el agua debajo de la tierra cuando no llueve por grandes períodos de tiempo -cosa común en aquella región-, es por eso que se le considera una de las plantas más extrañas y resistentes descubiertas hasta ahora. además, las tumboas tienen ambos sexos separados, y cada uno tiene sus propias características, como el hecho de que los conos donde exhiben sus semillas son de colores y formas diferentes dependiendo si son masculinos o femeninos. unas de sus cualidades más extrañas en comparación al resto de los gimnoespermas, consiste en el hecho de que los conos masculinos muestran algo parecido a las flores, que recuerdan a los angioespermas, que sí las poseen. las tumboas también tienen unos tejidos conductores de agua que sirven para el mejor uso de ese recurso pocas veces recibido. con todas estas adaptaciones, no es difícil entender por qué algunas de las welwitschias tienen una edad aproximada de hasta 1500 años. generalmente no hay adjetivos que no indiquen sorpresa y fascinación para referirse a la onyang, como también se le llama a su versión femenina que en la región de herero es consumida asada y considerada como la cebolla del desierto.

a lo que voy es, que quiero decir que yo tengo una welwitschia: es una mujer. por su aspecto saludable no pareciera tener ni siquiera los 600 años que viven en promedio las tumboas, pero ni siquiera ellas lucen mal habiendo vivido todos esos años, al contrario. ella ciertamente necesita agua, y la toma de igual forma de cuanta fuente tenga a su alcance. no digo que podría reemplazarla teniendo una welwitschia creciendo en mi patio, no. a pesar de lo afortunada que sería con un especimen tan raro en mi propiedad terrestre, la urgencia que tengo es de notificar que a diario convivo con una mujer tan sorprendente y tan rara, ante quien me quedo por prolongadas cantidades de tiempo llevada por una brisa mágica que expide de sus hojas -de sus ojos, sus brazos, sus costillas, sus senos, sus piernas abiertas- todo el tiempo. tal vez, pensarán que de estar enterada de tal similitud que se ha instalado en mi mente para pensar en ella, no se sentiría tan halagada como si lo hiciera como el resto de la gente, de una vil rosa o un atardecer envinado. yo no lo creo. repito, ella es una de las pocas personas que en mi campo perceptivo considero tan poderosamente extraña que hasta su manera de percibir la belleza en sus puntos más brillantes tiene otros tintes que jamás vi.

yo a esto me dedico, a observar. pero si hay algo con quien observar no es suficiente porque me une a ella todo y por ende necesito la cruel e imposible certeza de cercanía, no es a la welwitschia en medio del desierto esperando la noche para poder respirar con un poco de frescura. es a mi mujer, que además sueña, se ríe, se cae, desea cosas y me extraña.

y si ella esto lo entiende, si se queda a vivir entre el verdadero peso de mis palabras, yo me vuelvo brisa para cada una de sus noches de su vida de tumboa.

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