miércoles, 30 de junio de 2010

obsequio con la instrucción de no tomarse literal (o sí).

incluso hoy que has cambiado las cortinas de la ventana vieja que se abría con el viento fuerte.
incluso hoy que ante la duda de mi alcance has mandado cambiar la cerradura.
incluso hoy he entrado a tu departamento y me he sentado en tu sillón naranja, el grande, a observar por la ventana de rombos largas horas lloviendo una tras otra.

incluso hoy que has usado una blusa más escotada que las que usabas cuando estabas conmigo.
incluso hoy que alguien más se habrá fijado en lo convenientes que son esos planetas erguidos ante el frío (o algo parecido, más humano, más provocado).
incluso hoy he pensado que cargas diariamente el tamaño perfecto para darle de beber por un tiempo a mis hijos.

incluso hoy que has dejado tu ropa en el piso de alguien más.
incluso hoy que has gritado en su cuarto como si no importara quién pudiera escucharte ni que pensara que te están matando (esa muerte que te da todo el tiempo y que aún no aprendo).
incluso hoy he entrado en tu cuerpo y me he observado por un largo rato las manos que tiemblan con la apariencia de haber estado las horas tomando un baño (como si fueran de goma, más blancas, más sinceras).

incluso hoy que nadie me ha llamado y que a nadie escribí.
incluso hoy que he dormido con el espacio sobrado de una cama que es demasiado grande sólo para mí.
incluso hoy que no me he levantado con la sensación posterior al exilio del sexo de no deberle nada a nadie, de no deberte ni a ti un suspiro.
incluso hoy he dicho que estaba ocupada contigo.

incluso hoy que he sonreído indiscretamente con la sonrisa adulta de otra mujer y no he esquivado las arrugas alrededor de sus ojos.
incluso hoy que a ella no le he contado un chiste y aun así se ha reído una hora junto a mí.
incluso hoy he concluído que nadie es más mi niña que tú, también mujer.

incluso hoy que recordé lo que hiciste.
incluso hoy que me di cuenta de lo que sigues haciendo en mí.
incluso hoy que no te alcanzo.
incluso hoy que sólo me atrevo a escribir lo que no te puedo decir (te amo).
incluso hoy que salgo del paréntesis para decírtelo así: te amo.
incluso hoy que creo que pronto vuelves y que vuelves por mí.

incluso hoy, aunque no te lo deba.

sábado, 26 de junio de 2010

hay quienes duermen con todas las luces de la casa apagadas.

noche tras noche subo la escalera de caracol y al ir llegando al último escalón vuelve la fotografía que no olvido. tengo la sensación de que ni siquiera merezco el sueño, que no he hecho nada que valga la pena, durante el día no vi más que la fotografía, no debería ser capaz de cerrar los ojos. voy a sentarme junto a la ventana y recojo las cortinas; cuando hay mucho viento parece que incluso ellas estorban a los pocos deseos que tengo como ver las nubes o encontrar una estrella.

me subo al banco que tengo acomodado ahí y a lo lejos, en los dos cerros que alcanzo a ver, veo todos los focos que sí están prendidos. parece que titilan y cuando me percato de ello aparece nuevamente la fotografía. me pregunto qué estarán haciendo dentro de las casas con las luces prendidas, si dormirán, pelean o hacen el amor pero sobre todo qué estarás haciendo tú y si hay alguien que esté como yo noche tras noche no puntual pero sí sin falta, deseando tener una buena razón para dormir, un buen deseo cumplido, un regalo bien recibido. estoy harta de que dormir se haya vuelto sólo una cosa que se hace porque no se tienen razones para vivir en un mundo donde las luces a veces se dejan encendidas.

lo que más pesa es la anticipación a eso que siento al llegar al final de la escalera. en ese momento ya sé que nada pasó, que nadie llamó, nadie quiso escribirme. ¿cómo merecer dormir? ¿cómo si durante el día nadie supo de mí, nadie quiso encontrarme? ¿cómo soñar todos los días el mismo sueño y despertar queriendo que el día se haya vuelto a acabar? para evitar volver a pisar el escalón, volver a sentir que no ha valido la pena. que no ha valido la pena para nada.

viernes, 11 de junio de 2010

¿tú sabes por qué?

intenté volver a ver su gesto con el deseo inútil de haber congelado todas las cosas que con ella me duraron tan poco. si cerraba los ojos podía ver los suyos y un montón de puntos azul-verdosos, de los que se ven cuando te esfuerzas por no ver lo que realmente está ahí. decidí que lo intentaría con ambos ojos bien abiertos pero las paredes naranjas y los colores cálidos del cuarto en el que habíamos estado en una ocasión me distraían. lo más que podía atinar a hacer era el movimiento que hizo la última vez que me vio. ese era el gesto en el que quería verla de nuevo, para analizarla. no es que fuera una mirada hermosa o un gesto de sorpresa. se trataba de algo que en ella era tan extraño porque nunca la había visto hacer algo parecido. había dicho incluso que si pudiera quedarme con una sola cosa suya sería con su manera de mirarme. así que me aparecí ahí del modo que sea y lo que vi no lo entiendo. ella tenía la costumbre de apretar la frente y los labios hacia abajo de un modo muy especial cuando estaba enojada o cuando estaba a punto de llorar. yo decía que parecía una niña cayendo de rodillas a un piso de piedra. en su infantil expresión la encontraba cuando hacíamos el amor, cuando me pedía que no la lastimara más y cuando yo le decía que no quería verla.
esta vez hizo ese gesto mientras me miraba directo a los ojos pero inmediatamente después me miró de abajo hacia arriba. suele llamársele a eso "barrer" pero no veo por qué habría tenido que hacer eso. no estaba caminando sobre zancos ni nada fuera de lo común, sólo traía un cabestrillo y un collarín que ella ya sabía que traía aunque no me había visto con ellos. después de eso volvió a decir un "ey" apagado y se dio la vuelta. la vi alejarse entre la gente y con lo poco que quedaba de mí decidí no seguirla.

y ahora sólo me veo a mí repitiendo el movimiento, su figura no está muy clara en ese recuerdo y me duele cada vez que intento cerrar los ojos porque casi todo lo que veo son puntos azul-verdosos.

no miento al decir que no quisiera más que verla y que ella pudiera mirarme como cuando yo pedía que eso fuera un bien infinito. esa imagen sí está muy clara. ¿tú sabes por qué?