sábado, 26 de junio de 2010

hay quienes duermen con todas las luces de la casa apagadas.

noche tras noche subo la escalera de caracol y al ir llegando al último escalón vuelve la fotografía que no olvido. tengo la sensación de que ni siquiera merezco el sueño, que no he hecho nada que valga la pena, durante el día no vi más que la fotografía, no debería ser capaz de cerrar los ojos. voy a sentarme junto a la ventana y recojo las cortinas; cuando hay mucho viento parece que incluso ellas estorban a los pocos deseos que tengo como ver las nubes o encontrar una estrella.

me subo al banco que tengo acomodado ahí y a lo lejos, en los dos cerros que alcanzo a ver, veo todos los focos que sí están prendidos. parece que titilan y cuando me percato de ello aparece nuevamente la fotografía. me pregunto qué estarán haciendo dentro de las casas con las luces prendidas, si dormirán, pelean o hacen el amor pero sobre todo qué estarás haciendo tú y si hay alguien que esté como yo noche tras noche no puntual pero sí sin falta, deseando tener una buena razón para dormir, un buen deseo cumplido, un regalo bien recibido. estoy harta de que dormir se haya vuelto sólo una cosa que se hace porque no se tienen razones para vivir en un mundo donde las luces a veces se dejan encendidas.

lo que más pesa es la anticipación a eso que siento al llegar al final de la escalera. en ese momento ya sé que nada pasó, que nadie llamó, nadie quiso escribirme. ¿cómo merecer dormir? ¿cómo si durante el día nadie supo de mí, nadie quiso encontrarme? ¿cómo soñar todos los días el mismo sueño y despertar queriendo que el día se haya vuelto a acabar? para evitar volver a pisar el escalón, volver a sentir que no ha valido la pena. que no ha valido la pena para nada.

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