no te hablo porque estoy perturbada, pues estás tú y están todas las palabras que me sé y entre ustedes me confundo y me limito a babear como un perro desnutrido que después lo ha dejado de ser. confieso que te siento. me gustaría que supieras lo que es para mí decirlo refiriéndome a la acción de colocarte en una silla así como a la turbación de padecerte.
no le escribo a isabel pues siento que conocí más a gabriela, esa mujer escondida detrás o acaso debajo de la primera. gabriela es a quien yo pondría a la venta en el mesón estrella, sin duda alguna la vendería a granel. a todos nos falta, cada fin de semana, una cucharada de una muy enfocada mirada, un manojo de nervios y miedos que hay que preparar como té.
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