domingo, 18 de diciembre de 2011

unos ojos que ahora tienen cabeza.


si alguien me hubiera dicho que esa noche conocería a los ojos-de-mujer-alta, quizás me habría tardado más en salir de mi pequeño cuarto, preocupada por qué vestimenta elegir, por cuál de mis dos perfumes usar, si debía esconder mi cabello en una coleta o si hacer todo lo posible por tener un look que luciera hecho al natural, con la actitud de acabarse de levantar y por ende, de ver todo como un bebé que recién abre los ojos y las luces le duelen pero no quiere dejar de ver.

llegué a ese departamento con dos personas que no conocía muy bien, después de haber estado toda la tarde en la biblioteca porque al menos ahí tenía internet.
siempre buscaba mesas que tuvieran una sola silla para que nadie más viera en mi pantalla, aunque en aquél entonces -hace dos meses- no veía nada realmente interesante todavía.
solo quería mi espacio, poder estirar los brazos y extender mis piernas -que terminaban en mis botas de media montaña- sin preocuparme por interrumpir con esto el estudio -forzado o no- de alguien más, de alguna de las tantas cosas que se estudian en una biblioteca pública.

no había algo realmente interesante en ese departamento, sino música de colegiala y sobre todo, el hecho de que la gente aquí suele tomar bebidas que parecen vino pero que son ciertamente más como caribe cooler, es decir: agua con muy, muy poco alcohol y mucho colorante y azúcar. por eso me siento como ubriaca continuamente, porque rara vez alguien toma cerveza oscura, whiskey, whisky, o cualquier otra cosa que hable y diga algo más que "tomo esto porque todos los demás lo han comprado, y no tengo gusto ni tengo interés, es solo para embriagarme". me molesta la gente así, y esa noche solo me dedicaba a observarlos.

pero vi unos ojos. o sus ojos me vieron y me di cuenta hasta después. yo estaba en la cocina, y sus ojos (que en ese momento no podía decir si eran solo unos ojos flotando, o si le pertenecían a una mujer -pero ciertamente no eran de un hombre-) a la altura de una escalera que conectaba el pasillo de entrada con el distribuidor del segundo pequeño piso.

creo que sonreí, le sonreí a esos ojos pero fue tan rápido que cuando quise regresar de mi estado contemplativo, ya no estaban ahí. se habían movido y mis venas se habían percatado de ello.

luego nos fuimos a un cuarto lleno de gente, y creo que volví a ver esos ojos ahí, saludando a otros ojos que no me causaban nada. la conversación sencilla y sin relevancia intelectual o emocional. más observación. algunas personas fumaban en un pequeño balcón, y en ese momento sentí que aquellos ojos venían acompañados al sur por una boca. una boca que tal vez fumaba, pues creo haberla visto ir hacia el balcón.

después de una típica -y casi siempre caótica- charla ruidosa sobre qué hacer después de esa fiesta colegial, todos fuimos arrastrados como por una ola silenciosa hacia la puerta. ahí, en el pequeño pasillo, volví a ver no solo a los ojos, a la boca que los acompañaban. vi al cuerpo. en cuestión de segundos mi menté hiló una oportunidad, y me hice una impresión rápida: los ojos estaban al norte de un cuerpo más alto que yo. lo anoté en mi libreta en cuanto regresé a mi casa.
de alguna manera, caminamos brazo con brazo mientras éramos empujadas por las voces hacia el piso de abajo.

yo no iría a seguir la fiesta con aquél grupo de extraños, pero ella tampoco, y por eso me importó muy poco.

saludé para despedirme sin ver a nadie en especial, como cuando no te importa a quién le dices adiós pues no hay nadie ahí que te quite el sueño.
solo que ahí sí había alguien que me quitaría el sueño. pero no lo sabía entonces.
tendría que llegar a mi pequeño cuarto para anotar mis observaciones de la fiesta, y anotar que intercambié unas cuantas palabras con un par de personas, entre ellas con los ojos. los ojos-boca-cuerpo-mujer-alta.
dibujé su rostro de perfil, y me dormí tratando de recordar si mi dibujo le hacía justicia. no pude recordar bien su cara, lo que recordaba era la sensación que me causó verla.

sus ojos en la escalera. sus ojos mientras bajábamos la otra.
algo.

días después, me daba miedo pronunciar su nombre pensando que, en algún lugar de esta ciudad plana, ella me escucharía. después de todo, quien tiene unos ojos capaz de llamarte desde otra habitación, también tendría unos oídos capaces de escucharlo todo.

hoy ya sé cómo duerme, y que hace mucho ruido al comer. me gusta comer con ella para escucharla, porque no le importa quién la escuche en una mesa o banca aledaña. ella come y yo me aflijo de no ser eso que desaparece en su garganta. pero es soportable, y soy dichosa. ahora recuerdo su rostro e incluso sus manos, como quien recuerda algo que ha visto muy cerca pero que no se atreve a tomar por miedo a que se deshaga.

el otro día la vi cruzar una calle, lo hizo casi sin fijarse. seguro su cerebro pensó "camina" y lo hizo sin dudar. al otro lado yo la esperaba, y me di cuenta que cuando cruzo las calles con ella siempre tengo la sensación de que moriré atropellada.

sí, hay unos ojos y eso hace de mi vida aquí algo inspirador, que me lleva a quedarme con el azul del día aunque sé que más tarde la neblina estará baja.

me despierto a las 6 am sin que ese sea el plan, y veo un poco de nieve delgada sobre los carros. la recuerdo entonces, sin cuerpo, solo ojos.
ojos-imanes-lagos-que-se-hacen-mar. me duermo con una felicidad triste, a un par de líneas de sueños y palabras para que lo sepa.

miércoles, 26 de octubre de 2011

vel(l)os púb(l)icos.

unas palabras mías se trasladaron a la revista Posdata, edición de julio 2011.

en esta revista ciertos velos fueron revelados.

antes eran otra cosa. ya sabes: del tipo de cosas que se comen por accidente, del tipo de cosas por las que recuerdo el olor particular de tal o cual jabón.

martes, 25 de octubre de 2011

aporía.

del griego απορíα. siempre recuerdo que la tortuga está un paso antes que Aquiles, así que decidí que estaré ahí también: un momento antes de que me odies.

jueves, 15 de septiembre de 2011

la cosa più pericolosa.

"forse sedermi sul questo bancone é la cosa più pericolosa che ho fatto nella mia vita", dijo el personaje titta di girolamo en "le conseguenze dell'amore" - película con la que me identifiqué mucho porque su protagonista padece de insomnio y hace una descripción breve pero precisa sobre las cosas que nos pasan a los integrantes de ese grupo insomne que no discrimina pero sí determina cómo pasamos las noches. además, la película está musicalizada por mis amados lali puna, mogwai, james, i.s.a.n. y boards of canada.
titta es, además, un personaje muy solitario, que tiene miedo a cosas simples que la gente suele tener -que yo percibo como dones- y no prestarles mucha atención. cada miércoles, desde hace varios años, se da un arponazo a las 10 am -en esto no coincidimos- y llama a su ex esposa pero se queda en silencio en la línea.
titta di girolamo no habla mucho, como yo, y mejor se dedica a observar y anotar el comportamiento de la gente. alguna vez tuvo un amigo y considera que él lo sigue siendo a pesar de que hace mucho que no se ven.
"progetti per il futuro: non sottovalutare le conseguenze dell'amore", escribe en su bloc de notas sin rayas -como me gustan a mí- al observar, día tras día, a una bella mesera del café donde se sienta a ver la vida pasar y evita la plática ligera con hombres de negocio que lo abordan.
por un pequeño instante, vemos a titta sonreír. solo una vez sonríe en toda la película, y su sonrisa es apenas perceptible, pero está ahí, lo revive, cuando la chica le dirige la palabra para decirle que todos los días lo saluda y él jamás le responde, aunque sea por cortesía.

me he olvidado ya lo que es poner puntos tan decisivos o frases tan contundentes. culpo un poco a la ciudad, a que ya no puedo salir como antes, que regresaba con historias que enseguida anotaba y que se convertían en aquello que me hacía suspirar, aguantar la respiración, vestirme a la siguiente mañana.
extraño mis paseos sola por el centro, en los cuales varias veces conocí a gente que detenía su tránsito solo para contarme historias, fueran verídicas en la vida o solo en la ficción. extraño regresar en la madrugada, irme de vacaciones en un minuto y de vuelta. pero también valoro este encierro... solo quisiera sentirme como titta, sentado de tal forma que me pareciera lo más arriesgado que hubiera hecho en mi vida: atreverme, para ver si después en un paneo alguien se da cuenta que al fin sonreí.

domingo, 14 de agosto de 2011

martha.

te agradezco por el fuego que no prendiste
porque me habría quedado más
a consumirte
como el que en la banqueta deja
evidencia de su desaparición.

te agradezco por deshacer la hamaca
que de vaivenes no entiende
cuando solo es uno -medio vacío-
quien en ella se durmió.

te agradezco por el jabón acomodado
por el tubo de pasta bien cerrado
por las cortinas selladas
para que no nos robara el cielo el amor.

te agradezco por llegar tarde
por saber correr sin tener reloj
por tus piernas fuertes
por tus pestañas tristes.

te agradezco por decir que fui yo
y que fuiste
por huir, cuando lo hiciste.

te agradezco por debajo de la tierra
como el que ya murió.

sábado, 19 de febrero de 2011

hundimiento, humanidad.

la salsa está caliente y yo meto los dedos en la olla para quemarme.
gabriela dice que estoy ansiosa por hundirme en algo y que le caigo bien
-con mucho énfasis en el peso escondido de esas tres palabras
porque dice que la gente suele usar de modo ligero la expresión-;
"eso significa que sobre mí caes y te acomodas.
lo tuyo es algo que reside entre mis cosas, mis comas
y las formas pausadas que adquiere mi voz cuando te habla.
te traigo aquí y no me dueles, me haces bien".

ya habíamos hablado sobre las personas verdes,
que son las que se escogen mutuamente porque tienen
la necesidad de extenderse y cuidarse.
ella decía que son así quienes te hacen crecer,
con las que pides más tiempo entrelíneas.
en ese momento pensé que hay quienes te dejan intacto
y que entonces se pueden traducir como sombras
de figuras que tal vez no tienen interés en ser humanas.

la salsa echa humo todavía y se me cae,
compruebo que hay cosas que sí me hacen más daño.
hay manteles acomodados sobre la mesa
y papeles importantes que aun en desorden sabemos distinguir.
yo pienso entonces que esa es nuestra casa,
que las paredes de los vecinos están muy lejos
y que puedo confesar para ese espacio (y para el que siempre es suyo)
que me parece muy triste cuando alguien se enamora
del modo en que los pantalones se acomodan detrás de las rodillas,
o del cabello trabajado media hora después del baño y nada más.

ella dice que cuando la miro se siente perversa,
como si supiera lo que me piensa.
le digo que está bien, que eso es lo que me une a ella:
nuestro amor es el subtexto.
porque si gabriela fuera otra,
si yo conociera sólo su forma de caminar, su anillo en el pulgar y sus cabellos negros,
qué tendría que estar haciendo pensando en caer, pertenecer y habitar
en algo que es tan fácil de ver y perder para los demás.
el deseo son los palillos esperando algo más fuerte que los sostenga,
la persona no es la que te llena el ojo en la calle porque te gustan sus pliegues,
es esa que llora, sangra y tiene hambre, siempre tiene hambre
de algo que no se compra en tiendas.
la persona es sus huecos y con quiénes está dispuesta a dejarlos llenar.

ella cocina de modo que recuerdo por qué le digo que un día,
en mis sueños, ya ha sido mamá.
"de las personas prefiero las que son como cuevas, he preferido siempre perderme
que trepar montañas creyendo que eso es profundidad".