sábado, 24 de abril de 2010

cambio de copiloto.

no me pude defender, mi carro no está en condición para pasar de 120 a 10km/h en unos segundos.

le había contado que cada vez que me toca un semáforo en rojo se me nubla la vista y pierdo la noción de muchas cosas. ayer iba en una avenida que no tenía ese trío de luces que tanto miedo me daba cuando aún no me atrevía a agarrar el carro porque sentía que en ellos se me apagaría. pensé que al distraerme por cuatro segundos para pensar en ella y no en el camino, no tendría problema ya que era una avenida amplia y no venían carros a mi alrededor.

no puedes frenar algo que está en movimiento a una velocidad tal que el carro incluso empieza a vibrar -porque ya es viejo- de un segundo a otro sin pretender que algo malo suceda. lo que más me molestó fue que yo no quería frenar, yo quería que viera que podíamos llegar muy, muy lejos y quería ir tan rápido hasta acabarme la gasolina y detenerme saliendo disparada por el cristal. fue diferente. las calaveras rotas no me dejaron ver desde lejos que algo estaba cayendo en medio de la avenida, algo que yo no podría esquivar. ese día no me esperaba las palabras que escuché, ni las miradas que buscaban esconderse. la esperaba a ella como a quien sale de la cárcel tras haberse culpado de algo que no cometió, la esperaba para decirle que seguía creyendo en las cosas a las que no le tenía que poner palabras porque su lenguaje no estudiado era el que menos me mentía. la duda de si esta vez realmente quería decir esas cosas que balbuceó, cayó como ese árbol que me frenó el querer cualquier cosa que hubiera deseado compartida.

y este es el tipo de cosas que no tendré a quién contar porque al verme con un brazo enyesado, la cintura dislocada y unos moretones como los que siempre quise, no les diré lo que realmente pasó. las verdades son cosas que me reservaba para quien creía que tenía un interés comiéndole los nervios y por lo tanto tenía que alimentarle en todo momento. ahora puedo inventar cualquier cosa. sólo ella sabría que a veces siento a la muerte como algo que se sube al carro conmigo y me dice que está bien distraerme, que aunque ella no va a volver y el carro no frene a tiempo, alguien se quedará en este mundo a llorarme el aire que, colándose por la ventanilla, esa noche se impregnará sobre las partes de mi cara que días antes besó como si nada pudiera caer entre las dos.

2 comentarios:

  1. aún ahora -como tú dijiste un día- a mi sí me importaría si algo te pasa.

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  2. Creo que voy a tener que dejar de leerte, no puedo evitar ese afán mío del que ya te he hablado cuando veo tus letras diciendo caricias. Ya me pesa más pesado cuando llego a todos los topes de desengaño donde aclaras que esto se trata de otra historia

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