(to be continued)
las piernas entumidas, todavía son piernas y me siguen moviendo. su incomodidad es el equivalente en el cuerpo al regaño que recibe un niño que se ha hecho caca en los calzones andando en plena calle. no hace que se detenga el paso, sólo lo condiciona.
no tengo mala circulación, sólo estuve de pie en una posición extraña alrededor de una hora hojeando unos libros sobre lámparas y lofts. el tiempo pasó más rápido que lo que me hubiera costado conseguir el dinero que costaban esos libros que, como siempre en la sección de arquitectura, resultan bastante caros.
martes, 30 de marzo de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
dentro de poco.
me veo subiendo las escaleras de tu departamento lentamente y me adivino arreglándome el cabello al pisar el último escalón. me detengo frente a tu puerta y dejo ir un suspiro por el hueco apolillado que queda entre ese pedazo de madera chueco y la pared. al abrir la puerta no sé si lo que siento más es el aire de afuera desesperado salvaje solitario queriendo desnudarte o si es el aire encerrado seco mudo de tu sala queriendo abrazarme. ante la incógnita están tus brazos y tus senos que siento aun a pesar de que me engrandezco al estar rodeada por ti.
el lugar se me hace tan conocido: ese dibujo en la pared, esos sillones recién adquiridos, y sobre todo, conocido es vernos ahí.
propongo -aunque sin decirlo- que recargues tu cabeza en mi pecho y no tardas en entenderme. te abarco (me abarco en ti). tus piernas adoptan una postura que debiera ganar varios concursos y luego me besas como si de sacarme algún veneno con dulzura se tratara. mueve ésa mano, por favor. hay algo que tienes que saber.
yo sé que llegará el día en que nos habremos de ir y alguien se encargará de hacernos borrar eso que por ahora vive en la pared; en ese momento querré un día más ahí para asegurarme de que el departamento habrá de quedarse con nuestro espíritu. quiero obsequiárselo a él no como algo que ya no se ocupa sino como algo que ya no puede ser así en otro lado.
desearé escuchar tus sollozos pues siempre me gustó escucharte llorar pero ahora será con un fin doble, ese placer y el de hacerte cómplice de las paredes. te daré lo necesario para encontrarme con tus gemidos y con tus explicaciones -en voz madura- de por qué no debería volver a lastimarte (o siquiera imaginarme haciéndolo).
el sonido de tus cosas regadas en el piso -esas cosas que siempre estás cambiando de lugar porque sueñas que les encuentras un lugar donde están en orden- tal vez no será lo primero que el siguiente inquilino note pero si se encuentra muy solo se dará cuenta de cuál marco era nuestro favorito para hacernos contra él y también sabrá lo que cocinamos juntas porque estoy segura que los rincones detrás de la estufa nunca fueron limpiados.
descubrirá restos de ti y de mí: tus cabellos y los míos, tus migajas y las mías -que eran siempre ya una misma cosa- en el piso de tu cuarto. verá que los barrotes de tu ventana están gastados de un solo lado, que es de donde tú te agarrabas para acercarnos con más fuerza a ese pasadizo -no puedo llamarlo estado- en el que consensualmente nos olvidamos de la otra porque sólo sabemos que a la muerte nos vamos solas y que nos estamos yendo y es tanta y tan fuerte que sólo recordarla nos puede hacer volver a abrir los ojos.
espero que no te enojes al saber que no sólo tú me oliste cuando muerta. no creo que haya forma de que, al agarrar un tenedor o colgar una toalla, esas paredes y esos pisos olviden esas escenas que no podíamos trasladar a la calle sin miedo.
me duele por el departamento. me duele porque a ella la llenarán de otros gestos y yo a ti te habitaré en cualquier otro lugar pero, para empezar bien, tendremos que decir que será porque nos espera una vida, no una mejor -aunque quisiera asegurarla- sino otra.
despediremos una última mirada, viéndola aún como algo nuestro, como un hijo que ya creció y que puede quedarse ahí siempre con riesgo de ser demolido, de ser ocupado por alguien que no se acostumbre a sus ángulos, y por quien crea que la luz que entra por sus ventanas no es suficiente o acaso la más adecuada para ver en todo detalle la piel de una mujer con la que no se piensa en un futuro como el nuestro sino en aquél que se desea inmediato para poder venirse. sólo eso: un recorrido conocido y simple, un titular de periódico que se sabe de memoria y se pasa con café.
yo no habré de contarle que yo incluso quedé cegada, ya por el sol, por la luna y por tu piel; habremos de dejar las cosas claras, aparentemente calmas. sólo tú, yo, las paredes, las ventanas, el piso, la puerta y la pared sabremos cómo quedarnos mudas por miedo al error de entorpecer en un descuido éste abandono, éste destierro elegido.
el lugar se me hace tan conocido: ese dibujo en la pared, esos sillones recién adquiridos, y sobre todo, conocido es vernos ahí.
propongo -aunque sin decirlo- que recargues tu cabeza en mi pecho y no tardas en entenderme. te abarco (me abarco en ti). tus piernas adoptan una postura que debiera ganar varios concursos y luego me besas como si de sacarme algún veneno con dulzura se tratara. mueve ésa mano, por favor. hay algo que tienes que saber.
yo sé que llegará el día en que nos habremos de ir y alguien se encargará de hacernos borrar eso que por ahora vive en la pared; en ese momento querré un día más ahí para asegurarme de que el departamento habrá de quedarse con nuestro espíritu. quiero obsequiárselo a él no como algo que ya no se ocupa sino como algo que ya no puede ser así en otro lado.
desearé escuchar tus sollozos pues siempre me gustó escucharte llorar pero ahora será con un fin doble, ese placer y el de hacerte cómplice de las paredes. te daré lo necesario para encontrarme con tus gemidos y con tus explicaciones -en voz madura- de por qué no debería volver a lastimarte (o siquiera imaginarme haciéndolo).
el sonido de tus cosas regadas en el piso -esas cosas que siempre estás cambiando de lugar porque sueñas que les encuentras un lugar donde están en orden- tal vez no será lo primero que el siguiente inquilino note pero si se encuentra muy solo se dará cuenta de cuál marco era nuestro favorito para hacernos contra él y también sabrá lo que cocinamos juntas porque estoy segura que los rincones detrás de la estufa nunca fueron limpiados.
descubrirá restos de ti y de mí: tus cabellos y los míos, tus migajas y las mías -que eran siempre ya una misma cosa- en el piso de tu cuarto. verá que los barrotes de tu ventana están gastados de un solo lado, que es de donde tú te agarrabas para acercarnos con más fuerza a ese pasadizo -no puedo llamarlo estado- en el que consensualmente nos olvidamos de la otra porque sólo sabemos que a la muerte nos vamos solas y que nos estamos yendo y es tanta y tan fuerte que sólo recordarla nos puede hacer volver a abrir los ojos.
espero que no te enojes al saber que no sólo tú me oliste cuando muerta. no creo que haya forma de que, al agarrar un tenedor o colgar una toalla, esas paredes y esos pisos olviden esas escenas que no podíamos trasladar a la calle sin miedo.
me duele por el departamento. me duele porque a ella la llenarán de otros gestos y yo a ti te habitaré en cualquier otro lugar pero, para empezar bien, tendremos que decir que será porque nos espera una vida, no una mejor -aunque quisiera asegurarla- sino otra.
despediremos una última mirada, viéndola aún como algo nuestro, como un hijo que ya creció y que puede quedarse ahí siempre con riesgo de ser demolido, de ser ocupado por alguien que no se acostumbre a sus ángulos, y por quien crea que la luz que entra por sus ventanas no es suficiente o acaso la más adecuada para ver en todo detalle la piel de una mujer con la que no se piensa en un futuro como el nuestro sino en aquél que se desea inmediato para poder venirse. sólo eso: un recorrido conocido y simple, un titular de periódico que se sabe de memoria y se pasa con café.
yo no habré de contarle que yo incluso quedé cegada, ya por el sol, por la luna y por tu piel; habremos de dejar las cosas claras, aparentemente calmas. sólo tú, yo, las paredes, las ventanas, el piso, la puerta y la pared sabremos cómo quedarnos mudas por miedo al error de entorpecer en un descuido éste abandono, éste destierro elegido.
a cierta velocidad.
leticia maneja con una mano al volante
y la otra -porque tiene dos-
agarrándose el cuello por detrás de la cabeza
tocándose el cabello que es tan largo
moviéndose la blusa para rascarse un poco
y ella se deja ver
-me refiero a que no es discreta en sus haceres pero
tampoco creo que lo haga para llamar la atención-
es una mujer que maneja así
y no con la inclinación anciana de las mujeres estresadas
porque se sabe capaz
de frenar y de pisar más fuerte su acelerador
como si se tratara de un momento clave
en el momento de enclavarse con su novia
que no soy yo
pero podría
y sin duda la invitaría a acelerarme
a verme manejar también
con una sola mano al volante
y la otra en un lado diferente
donde me clave la mano
o los dedos -al menos dos-
a 120 kilómetros por hora
en cualquier avenida
o en cualquier callejón
y la otra -porque tiene dos-
agarrándose el cuello por detrás de la cabeza
tocándose el cabello que es tan largo
moviéndose la blusa para rascarse un poco
y ella se deja ver
-me refiero a que no es discreta en sus haceres pero
tampoco creo que lo haga para llamar la atención-
es una mujer que maneja así
y no con la inclinación anciana de las mujeres estresadas
porque se sabe capaz
de frenar y de pisar más fuerte su acelerador
como si se tratara de un momento clave
en el momento de enclavarse con su novia
que no soy yo
pero podría
y sin duda la invitaría a acelerarme
a verme manejar también
con una sola mano al volante
y la otra en un lado diferente
donde me clave la mano
o los dedos -al menos dos-
a 120 kilómetros por hora
en cualquier avenida
o en cualquier callejón
martes, 23 de marzo de 2010
en gabriela.
ese lunarsito
motivo oscuro de mi atención
meteorito caído irremediablemente
entre su cuello y su clavícula
entre lo que me atrevo a tocar y lo que no
si está ahí es porque puede
-y porque no,
no soy ni somos nunca nada
si no somos sucediéndole,
herida o comodidad impregnada a su sudor-
ser visto de repente
al descubrirse la blusa
al removerse el cabello
sabiendo que cayó fuerte
sin saber por eso desde qué altura cayó.
motivo oscuro de mi atención
meteorito caído irremediablemente
entre su cuello y su clavícula
entre lo que me atrevo a tocar y lo que no
si está ahí es porque puede
-y porque no,
no soy ni somos nunca nada
si no somos sucediéndole,
herida o comodidad impregnada a su sudor-
ser visto de repente
al descubrirse la blusa
al removerse el cabello
sabiendo que cayó fuerte
sin saber por eso desde qué altura cayó.
lunes, 22 de marzo de 2010
re-inauguración primaveral de nosotras.
(to be continued)
sufro de frío, tiemblo cuando la gente goza del calor.
valeria vive en un congelador y eso, sólo ahí, nunca me detuvo para estar desnuda caminando en él.
la tarde de ayer su departamento estaba más oscuro que de costumbre; el sol casi no llega a él porque lo cubren otros pisos con sus respectivas sombras. su cuarto, sin embargo, tenía esa luz industrial que me daña los ojos y que ya no necesitaba pedirle que hiciera apagar.
estábamos en la cama ya cuando apagué la ventana porque ella me lo pidió y porque nos encontramos con la sensación de no soportar más el no habernos tocado en unas semanas.
sufro de frío, tiemblo cuando la gente goza del calor.
valeria vive en un congelador y eso, sólo ahí, nunca me detuvo para estar desnuda caminando en él.
la tarde de ayer su departamento estaba más oscuro que de costumbre; el sol casi no llega a él porque lo cubren otros pisos con sus respectivas sombras. su cuarto, sin embargo, tenía esa luz industrial que me daña los ojos y que ya no necesitaba pedirle que hiciera apagar.
estábamos en la cama ya cuando apagué la ventana porque ella me lo pidió y porque nos encontramos con la sensación de no soportar más el no habernos tocado en unas semanas.
viernes, 19 de marzo de 2010
le escribí este enero.
como relojillo en un cuarto de muñecas
que existe sólo en la parte luminosa de mis sueños
tamborilea algo en las paredes de mis venas
cuando intento deletrear su nombre sin sentir emoción alguna
pero ella no sólo habita en lo que me ha hecho recuperar:
esa parte inefable de la vida donde frecuentemente
las situaciones más extremas suelen acorralarse
con el deseo de no tener que juzgarlas de ciertas
mi sonrisa de estos días tiene cierto sabor a algo tierno
que me he comido entre una esperanza y otra,
sin que ella lo sepa todavía.
que existe sólo en la parte luminosa de mis sueños
tamborilea algo en las paredes de mis venas
cuando intento deletrear su nombre sin sentir emoción alguna
pero ella no sólo habita en lo que me ha hecho recuperar:
esa parte inefable de la vida donde frecuentemente
las situaciones más extremas suelen acorralarse
con el deseo de no tener que juzgarlas de ciertas
mi sonrisa de estos días tiene cierto sabor a algo tierno
que me he comido entre una esperanza y otra,
sin que ella lo sepa todavía.
sin esa bendita excusa.
a veces ignorábamos los límites del espacio y del tiempo mutilábamos los momentos en que no debíamos estar juntas, porque aunque solamente yo sabía las cosas ocultas, las defendía completamente: esos momentos que nos separaban ya no debían existir, pero yo no quería echarme el cargo de romperle el corazón a alguien más.
yo desafiaba la ley que dicta que entre el amor y el sexo no hay una gran distancia. me sentía capaz de ver nuestras cosas más políticamente correctas de lo que tal vez eran porque al verla tras la puerta con su ropa en el piso adivinaba mi destino. pensaba en lo adulto que era saber a quién regresarías a encontrarte todas las noches después de cierta hora. acertaba siempre, siendo además su refugio.
dejé caer la cuenta muy rápido y me quedó una duda que fue resuelta de igual manera: ¿sabía yo lo que era perder un brazo, algo mío? esperaba conseguir una respuesta que me hiciera saber que eso marca el fin, que no hay manera de continuar sin él. mi opción más tajante como dolorosa y saludable fue no mentirme más. dejando que mi voz temblara hasta estrellarse con el eco ingratificante de ese cuarto donde no habría de contarle ya diferencias me respondí que "es algo soportable. que ya no esté dentro de mí es algo completamente soportable. y más, porque ella te lo confió todo: su paso seguro, su mirada directa, su sonido valiente y su decisión que parecía inalterable -siendo ella el manojo de titubeos más constante con el que hayas estado-; pero puedes sentirte casi complacida, hay gente que queda más lejos de compartirse lo cierto. a ti en cambio sólo te faltó contarle el secreto. lo callaste porque eso habría hecho parecer mentira lo entrañablemente real".
yo desafiaba la ley que dicta que entre el amor y el sexo no hay una gran distancia. me sentía capaz de ver nuestras cosas más políticamente correctas de lo que tal vez eran porque al verla tras la puerta con su ropa en el piso adivinaba mi destino. pensaba en lo adulto que era saber a quién regresarías a encontrarte todas las noches después de cierta hora. acertaba siempre, siendo además su refugio.
dejé caer la cuenta muy rápido y me quedó una duda que fue resuelta de igual manera: ¿sabía yo lo que era perder un brazo, algo mío? esperaba conseguir una respuesta que me hiciera saber que eso marca el fin, que no hay manera de continuar sin él. mi opción más tajante como dolorosa y saludable fue no mentirme más. dejando que mi voz temblara hasta estrellarse con el eco ingratificante de ese cuarto donde no habría de contarle ya diferencias me respondí que "es algo soportable. que ya no esté dentro de mí es algo completamente soportable. y más, porque ella te lo confió todo: su paso seguro, su mirada directa, su sonido valiente y su decisión que parecía inalterable -siendo ella el manojo de titubeos más constante con el que hayas estado-; pero puedes sentirte casi complacida, hay gente que queda más lejos de compartirse lo cierto. a ti en cambio sólo te faltó contarle el secreto. lo callaste porque eso habría hecho parecer mentira lo entrañablemente real".
nadia o casi nada.
me acuerdo de cuando me pediste que siguera haciendo lo que tuviera que hacer sin que tu presencia me distrajera. dijiste que sólo estarías observando "como un fantasma". ¿por qué me hablaste así con tan poco tiempo de conocerme? yo no sé pero lo he tomado en cuenta y he seguido. me es difícil a veces hacerlo sin pensar que tus ojos son brillantes (en extremo) y que como dice una canción, "tus ojos son un millon de millas azules". siempre te he visto con esa mirada de leche, de bebé, con la cabeza ladeada hacia la derecha para poner más atención.
te veo ir de aquí para allá y de vez en cuando sonríes y desde donde te veo esas sonrisas tienen olor, uno muy agradable. hueles a mujer que comparte casa con su vientre primero, aunque confieso que a tu edad se me hace raro. me cuesta poco imaginarme escurriéndome por la escalera de tu casa en madrugada para ir a verte. tu clóset ha de tener un foco adentro y en él predominantes han de ser las prendas azules. desde que te conocí supe que te encanta ese color porque siempre lo llevas puesto. deberías saber que tú no eres sólo el agua, tú puedes salir a cualquier superficie.
a los dos días de conocerte me enteré -por medios aún más antojables que leves sugerencias que se dejan ver por un pantalón que llega más abajo de la cadera- que también llevas ropa interior azul, pero no azul océano sino uno más chillante. así han de llorar tantas cosas cuando se van de ahí. yo no vengo a quejarme, te juro que no.
tengo preguntas que no quieres contestarme por miedos con raíces profundas que quiero arrancarte. ¿por qué hablas tan bonito? ¿por qué eres un fantasma tan tangible? miro la foto que tanto valor me costó tomarte y toco la cara, los brazos y la espalda que tú en cambio me tocaste. me veo en el espejo y reconozco, no sé qué más pero al menos una figura que tú ya viste y me pregunto qué pensaste. ¿alguna vez se detiene tu día para pensar que cada vez que aparecía era para verte de nuevo?, ¿o que fui hasta allá únicamente para encontrarte? porque has de saber que así como dijiste que el sol, te deslumbra, mucho -con esas pausas que aquí sólo puedo extrañar con comas- así me deslumbras tú. no tienes idea cómo me he imaginado una vida arreglada, perfectamente balanceada, pero contigo. cómo esas calles frías me servirían tanto si tuviera la certeza de que las camino a tu lado.
sueño más de día -todo el día- que de noche, que descubro estrellas negras, estrellas que están vivas y que por eso no son como las que todos ven. pienso en que de cerca, muy, muy cerca yo te digo dónde las he descubierto y te las señalo una a una hasta mecernos el cansancio.
con la misma fuerza con que me dijiste lo del sol, te digo aquí a kilómetros: cielo, para mí sigues siendo blanco y sabes a lo que una mujer que vive todavía con sus padres.
te veo ir de aquí para allá y de vez en cuando sonríes y desde donde te veo esas sonrisas tienen olor, uno muy agradable. hueles a mujer que comparte casa con su vientre primero, aunque confieso que a tu edad se me hace raro. me cuesta poco imaginarme escurriéndome por la escalera de tu casa en madrugada para ir a verte. tu clóset ha de tener un foco adentro y en él predominantes han de ser las prendas azules. desde que te conocí supe que te encanta ese color porque siempre lo llevas puesto. deberías saber que tú no eres sólo el agua, tú puedes salir a cualquier superficie.
a los dos días de conocerte me enteré -por medios aún más antojables que leves sugerencias que se dejan ver por un pantalón que llega más abajo de la cadera- que también llevas ropa interior azul, pero no azul océano sino uno más chillante. así han de llorar tantas cosas cuando se van de ahí. yo no vengo a quejarme, te juro que no.
tengo preguntas que no quieres contestarme por miedos con raíces profundas que quiero arrancarte. ¿por qué hablas tan bonito? ¿por qué eres un fantasma tan tangible? miro la foto que tanto valor me costó tomarte y toco la cara, los brazos y la espalda que tú en cambio me tocaste. me veo en el espejo y reconozco, no sé qué más pero al menos una figura que tú ya viste y me pregunto qué pensaste. ¿alguna vez se detiene tu día para pensar que cada vez que aparecía era para verte de nuevo?, ¿o que fui hasta allá únicamente para encontrarte? porque has de saber que así como dijiste que el sol, te deslumbra, mucho -con esas pausas que aquí sólo puedo extrañar con comas- así me deslumbras tú. no tienes idea cómo me he imaginado una vida arreglada, perfectamente balanceada, pero contigo. cómo esas calles frías me servirían tanto si tuviera la certeza de que las camino a tu lado.
sueño más de día -todo el día- que de noche, que descubro estrellas negras, estrellas que están vivas y que por eso no son como las que todos ven. pienso en que de cerca, muy, muy cerca yo te digo dónde las he descubierto y te las señalo una a una hasta mecernos el cansancio.
con la misma fuerza con que me dijiste lo del sol, te digo aquí a kilómetros: cielo, para mí sigues siendo blanco y sabes a lo que una mujer que vive todavía con sus padres.
el centro solo.
aún hay días en que me llegan algunas melodías a la cabeza, y en esas calles solas -por las que siempre me las ingenio para ir- voy tratando de no perderlas hasta llegar a la casa. engullo los sonidos porque no tengo mucho más.
en días como ésos, que son los de hoy, mi cuarto se siente frío y a veces se filtra agua de lluvia por debajo de las puertas viejas que me encierran.
de las paredes cae un escupitajo de memorias al que nunca le encuentro boca. se hacen charcos que nadie más que nosotras -concreto y yo- vemos. me siento en el sillón verde y en la oscuridad se enciende algo con un sonido especial que me recuerda a días que pasaron hace muchos años. sabemos que nadie vendrá.
éstos encierros, éstas cosas que me atrevo a llamar búsquedas para aligerarme la oquedad pretenden que, en tu ausencia, el sentimiento no se extinga. todavía hago esta música y cierro los ojos. (me gusta pensar que me remonto al momento perfecto de estar junto a ti). toco con una fe enorme, hasta sangrar y dejar mis dedos lo suficientemente heridos como para pintar con ellos las cuerdas de las guitarras, arrinconadas ya, con las que nunca más volveré a conseguir quitarte la ropa.
¿alguna vez has tenido que limpiar tu propia sangre?
yo me invento una coreografía nueva cada vez que recuerdo que mis dedos ya no me sirven de intérpretes. sobra decir que esas cosas nunca son ensayadas y nunca hay estreno.
a mí me gustaba bailar con las manos, porque con ellas y contigo fue que empecé a sentir que ésta forma no presenta oportunidad para el carraspeo ocasional ni las pausas prolongadas. cuando de algún modo consigue hacer algo así en un descuido bien hilado, no hay manera de suponer lo que piensa el de la mano entre una y otra, porque no vemos su rostro. sin embargo es la forma que yo escojo porque tú sí me conocías la voz y las miradas. puedes verme diciéndote esto y sabes lo que pienso entre un punto y otro. (¿no vuelves?) sabes que no podré dejar de hacerlo porque en días como éstos, que son los de hoy, aún no tengo mucho más.
en días como ésos, que son los de hoy, mi cuarto se siente frío y a veces se filtra agua de lluvia por debajo de las puertas viejas que me encierran.
de las paredes cae un escupitajo de memorias al que nunca le encuentro boca. se hacen charcos que nadie más que nosotras -concreto y yo- vemos. me siento en el sillón verde y en la oscuridad se enciende algo con un sonido especial que me recuerda a días que pasaron hace muchos años. sabemos que nadie vendrá.
éstos encierros, éstas cosas que me atrevo a llamar búsquedas para aligerarme la oquedad pretenden que, en tu ausencia, el sentimiento no se extinga. todavía hago esta música y cierro los ojos. (me gusta pensar que me remonto al momento perfecto de estar junto a ti). toco con una fe enorme, hasta sangrar y dejar mis dedos lo suficientemente heridos como para pintar con ellos las cuerdas de las guitarras, arrinconadas ya, con las que nunca más volveré a conseguir quitarte la ropa.
¿alguna vez has tenido que limpiar tu propia sangre?
yo me invento una coreografía nueva cada vez que recuerdo que mis dedos ya no me sirven de intérpretes. sobra decir que esas cosas nunca son ensayadas y nunca hay estreno.
a mí me gustaba bailar con las manos, porque con ellas y contigo fue que empecé a sentir que ésta forma no presenta oportunidad para el carraspeo ocasional ni las pausas prolongadas. cuando de algún modo consigue hacer algo así en un descuido bien hilado, no hay manera de suponer lo que piensa el de la mano entre una y otra, porque no vemos su rostro. sin embargo es la forma que yo escojo porque tú sí me conocías la voz y las miradas. puedes verme diciéndote esto y sabes lo que pienso entre un punto y otro. (¿no vuelves?) sabes que no podré dejar de hacerlo porque en días como éstos, que son los de hoy, aún no tengo mucho más.
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