ese lunarsito
motivo oscuro de mi atención
meteorito caído irremediablemente
entre su cuello y su clavícula
entre lo que me atrevo a tocar y lo que no
si está ahí es porque puede
-y porque no,
no soy ni somos nunca nada
si no somos sucediéndole,
herida o comodidad impregnada a su sudor-
ser visto de repente
al descubrirse la blusa
al removerse el cabello
sabiendo que cayó fuerte
sin saber por eso desde qué altura cayó.
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